Diario de abordo:
Ya no recuerdo la última vez que escribí, pero después de varios viajes, fiestas, copas, paseos por la cárcel, corazones rotos, cumpleaños y algún que otro exceso... (hablo por mí y todos mis compañeros) finalmente llega el mes de la tranquilidad, el del descanso físico, el mes al que le toca al cerebro actuar...el mes de exámenes. Con varios exámenes por delante y 3 trabajos con sus respectivas presentaciones pendientes, me dispongo a escribir las experiencias aquí vividas.
Hoy toca el corto fin de semana en el que hicimos el pack Tallin-Helsinki. Ya se conoce el dicho, que lo breve y bueno, dos veces bueno. Pues bien, éste fin de semana cumple el dicho.
Tuvimos un pequeño problema a la hora de los autobuses, más bien, el problema lo tuvo la chica que nos reservó los billetes. Nosotros pedimos un autobús "lux express", ya sabéis... de esos con los asientos que son mejores que los sofás de tu casa, con wifi, que viene la azafata educadamente a ofrecerte un chocolate caliente. Hay que decir que íbamos en low cost, pero 9 horas en un autobús de 21:30 hasta las 6:30 en asientos normales...no es moco de pavo. Así que igual por un poco más nos convenía pillar los buenos.
La pava no se coscó de nada, todos felices pensando que íbamos a ir en unos asientos orgásmicos... llegamos, nos subimos al autobús y nos recibe un señor de pelo largo y canoso, con bigotillo fino, de ese que cuando lo ves piensas "para tener eso, quítatelo", pidiéndonos en algún idioma (pudiendo ser lituano, letón, estonio o ruso) que le diésemos los billetes.... a tomar por culo la ilusión de la educada azafata ofreciéndonos chocolate caliente.
No vamos a hablar del wifi (inexistente) ni de los asientos, porque podréis deducir que eran de esos en los que no te caben ni las piernas... y eso que yo soy pequeña, pero más de uno mide 1,85 m y no cabían. Menos mal que por lo menos tuvimos la suerte de que iba poca gente y nos pudimos distribuir, de tal manera, que no teníamos compañero al lado (9 horas con alguien al lado puede ser una tortura).
Evitaremos de igual manera los comentarios sobre los ronquidos a lo largo de la noche y la ilusión del conductor de hacer rallys en mitad de la carretera.
6:30 am. Estación de autobuses de Tallin
(Tallin, intentando encontrar el hostal)
Que olor a mar, que amanecer...que frío que te cagas! Estuvimos dos horas para encontrar el hostal en el que nos íbamos a hospedar. Como no lo encontrábamos, finalmente decidimos ir a desayunar al Mc Donalds, dado que el resto de bares, restaurantes, cafeterías y demás tiendas o locales estaban cerrados hasta las 11:00 de la mañana. En serio, ¿es una broma?, en España se empieza a currar a las 7:30-8:00, ¿quién sigue pensando que somos unos vagos? Nos dan las 9:30 y nos llama el del hostal que no puede abrirnos porque no está, que si eso a las 11:00, muy bien, tenemos que coger el ferry para Helsinki a las 10:30, físicamente es imposible el coincidir. Así que vamos al puerto, dejamos las maletas en consigna y pillamos el ferry... 2 horicas y estamos en Helsinki. Salimos a cubierta, vemos el puerto de Tallin alejarse, súper bonito todo, hacemos fotos...y nos metemos corriendo dentro porque se te congela la sangre. De lo cansados que estábamos, nos echamos una siestecita todos en los sofás hiper cómodos del barco (la gente debió flipar) y finalmente, a las 12:30 mas o menos, llegamos a nuestro primer destino.
Era un día híper soleado, aunque era el típico sol que tienes en España a las 10 de la mañana, ese que no calienta y ese que lo tienes a media altura...así todo el día. Hasta las 4 de la tarde que finalmente decidió irse y dejarnos inmersos en la oscuridad.
Andamos lo que no esta escrito y vimos cantidad de cosas, era un día de sol así que la gente salió a la calle como lagartos, gente saliendo a correr por el paseo del puerto, puestecitos en mitad de las calles vendiendo comida y sopa...los niños iban vestidos como si fuesen a esquiar y ese día todo el mundo estaba sonriente.
Paseo en el puerto de Helsinki, el west harbour (hay dos puertos)
(Paseito con luces de Navidad, serían como las 17:00)
(La "pequeña" catedral, recuerdo morir de frío ahí arriba)
Comimos en la calle, pero cenamos en restaurante... queríamos comida típica finlandesa, yo que se, un salmón fresco recién pescado en esas frías aguas. Sin embargo, sin saber muy bien como, terminamos sentados en un restaurante nepalí... Los camareros fueron tan amables y tan educados que me entraron ganas de darle como 5 euros de propina (no lo hicimos porque somos estudiantes y la economía está como está) pero le dimos un poquito menos.
A las 22:30 cogímos el ferry de vuelta. Pudimos ver la ciudad con sus luces de navidad y la gente arreglada para salir de fiesta, pero no morimos de frío en el camino de vuelta por pura casualidad. Finalmente tras dos horas en el ferry de vuelta, llegamos al hostal en Tallin y tras descubrir que había que entrar en un bar para acceder al hostal, pudimos dejar las maletas en nuestras camas.
No penséis que esto terminó en un "nos fuimos a dormir y hasta el día siguiente"... NO. Era el cumpleaños de un amigo, el de Pablo, así que había que celebrarlo (cerveza para todos!). Como teníamos el bar bajando las escaleras pensamos en tomarnos algo ahí y luego irnos a dormir, por eso de celebrar un poco. Pues bien...solo yo cumplí ese propósito, dado que el resto decidió salir un "rato" mas.
(Das un salto y estás en el bar, casi literal)
Yo fui la encargada y responsable de poner la alarma a las 10:00 de la mañana para despertar al personal al son del toque de diana. Según comentan los allí presentes, el despertador estuvo sonando como media hora (larga) hasta que me desperté a apagarlo. No es que yo sea muy de dormir (que un poco sí), el problema fue que en mi sueño sonaba la música del despertador y para mí era algo normal y hasta que finalmente decidí salir de la última fase no fui capaz de abrir los ojos.
Por fin y tras un par de horas de flojera, nos disponemos a ver Tallin. El centro histórico es muy bonito, pena que hiciese tanto frío, porque podías pensar que en cualquier momento los dedos se te iban a caer. Estuvimos por los distintos miradores de la ciudad, vimos sus iglesias ortodoxas, bebimos del mejor vino caliente (no soy muy fan sinceramente) e intentamos comer en un restaurante muy guay en el que rápidamente nos echaron porque al parecer era un club para gente abonada. Nosotros, los de a pie, la gente llana, los turistas que venimos del pueblo tenemos que ir al restaurante de abajo... al normalito, al feo vaya. Tengo que decir que comimos muy bien a pesar de no estar en la zona VIP.
(Vistas de Tallin desde uno de los miradores, el mas bonito)
(Aquí uno se toma el café con hielo mas a gusto que nada)
(La parte del centro es muy bonita, y las calles adoquinadas tienen todo su encanto)
Seguimos andando todo lo que pudimos, aprovechando al máximo el horario solar porque a eso de las 16:30 ya era noche cerrada y pasear de noche con ese frío es equivalente a sufrir por la cara. En la plaza había terrazas, sí sí, terrazas... que como hacia sol... pero lo curioso es que las sillas estaban cubiertas con un pelaje invernal, que lo veías y lo único que pensabas es que si querías podías hasta invernar con eso puesto. Otro rollo.
Finalmente se puso el sol, así que fuimos a coger nuestras cosas, compramos algo de comida y después del fin de semana agotador llegamos al autobús de vuelta, por supuesto, exactamente igual que el anterior. Toda la noche de viaje, horrible y sin poder a penas dormir. Porque esto también lo sabe todo el mundo, la ilusión que tienes al inicio de un viaje, no es la misma (ni mucho menos) que la ilusión que tienes a la vuelta.
Llegamos a Vilnius a las 6:30 de la mañana, a las 9:00 había que estar en pie porque teníamos clase... que muchos pensaréis, clase... ya... claro.... Pero sí, a esta había que ir, en su momento no tenía del todo claro como hacer la sección de un tejado con sus distintas capas en autocad y había que preguntar de modo que mi viaje oficialmente no terminó hasta las 16:30 de esa tarde. No os diré a que hora me fui esa noche a dormir pero si diré que no dormía tan bien desde hacía tiempo.
Conclusión del viaje: Nunca desoigáis el consejo de vuestra madre cuando os diga que echéis en la maleta medias térmicas. Las eché mucho de menos en el viaje.