martes, 25 de marzo de 2014

Las tierras de Papá Noel

Y sin mas dilación, me dispongo a explicar mi gran viaje al norte de Finlandia, la fría Laponia, conocida por sus auroras boreales, sus renos y la casa de Papá Noel.

La decisión de hacer este viaje fue como bien se diría, una locura. No teníamos pensado irnos hasta allí, pero teniendo en cuenta que teníamos un coleguilla de erasmus en Helsinki y éste iba a hacer el viaje con unos amigos suyos, decidimos apuntarnos para enriquecer de una manera grata nuestra vida personal y viajera :)

Como bien es sabido, nuestros viajes a precio de estudiante los hacemos en low cost. Así que no nos quedó mas remedio que a base de autobús (Vilnius-Tallin), ferry (Tallin-Helsinki) y tren (Helsinki-Rovaniemi)... pasar dos días viajando hasta llegar a la ciudad del gran conocido Papá Noel. 

Evidentemente, cuando llegamos, no dudamos en dejar las cosas en nuestra estancia (una casita a las afueras de la ciudad, 2 minutos en coche) y marcharnos a visitar a Santa Claus, que en finés es Joulupukki. A pesar del cansancio por dormir más bien poco, la ilusión del viaje consiguió mantenernos despiertos. Hicimos votación por ir al taller del viejo señor en autobús, ya que hay uno que te deja directamente en la puerta, pero una chica que no estaba dispuesta a pagar el precio del billete de bus, trató de convencernos de que andando podríamos ir, que no estaba tan lejos... bien, pues inocentes de nosotros la creímos... y después de dos horas andando, 8 km a nuestras espaldas entre nieve, llegamos a casa del tan querido Joulupukki (a la que no queríamos tanto era a la que nos hizo andar).



(Snow Village, un hotel que para dormir ahí necesitas hasta cursillo)

Santa's village, ese lugar esta directamente hecho para los niños... paseos en reno, tirarse en trineo por las cuestas, cabañas de las tribus de los Sami y vasito de sopa alrededor de un gran fuego. Después de ver todas esas cosas, sin entretenernos mas, fuimos directos a donde estaba Papá Noel. Nos dijo que para llegar a la casa de todos los niños en una misma noche hacía uso de su maquina para parar la rotación de la tierra, de esta forma, el tiempo quedaba como en pausa y al ser la noche mas larga, le daba tiempo a repartir todos los regalos a los niños buenos. A los niños fineses como les pilla mas cerca, es tradición que él mismo sea quien reparta los regalos, entrando por las puertas de las casas al grito de "Onkos täällä kilttejä lapsia?" (estos finlandeses ponen muchas aaas y diéresis en las palabras), que viene a ser un " Hay niños aquí que hayan sido buenos?" y evidentemente todos contestan un "Siiiii!" del copón. 

Cuando entramos a verle, estaba sentado en una gran silla, tan grande como él, con una barba que le llegaba hasta la barriga y blanca como la nieve. Llevaba unas zapatillas que eran tan grandes como dos veces mi cabeza y nos habló un poco de español. Le dijimos que en Navidad queríamos muchos regalos y nos contestó que teníamos que aprender finés y escribírselo en una carta, para así él poder hacer la lista (más bueno que el pan este hombre).


 (Vistas desde el top del parque natural de Inari, se puede esquiar, aunque las montañas no son muy altas. Son mas del esquí de fondo esta gente.)

 (No dimos paseos con Huskies, pero este se dio el paseo con nosotros, muy majo)


(Vistas del parque natural, en verano también tiene que merecer la pena)

Después de la charla con el padre de la navidad, nos entró el hambre de nuestra vida, así que decidimos probar la carne de reno (tranquis, no son los de Santa, éstos viven felizmente en las montañas de Korvatunturi) y finalmente después de todo el viaje sin apenas dormir, la visita a Rovaniemi y demás, llegamos a casa para disfrutar de una ducha y de un profundo sueño (la vuelta la hicimos en bus, gracias al cielo).

Al día siguiente después de haber descansado un poco más, y digo un poco más porque cogimos dos casitas para 4 personas cada una y éramos 12...sí, compartiendo camas de 0.80 (ya me diréis), alquilamos un par de coches para hacernos la rutilla del norte. 
Visitamos la ciudad de hielo (Snow Village), que es en realidad un hotel de hielo, el cual, hacen todos los años con diseños diferentes (ojito). Tiene hasta capilla por si te quieres casar... ahora eso de dormir ahí... yo a pesar de que la recepcionista nos dijo que estaba todo preparado y dormías en unas colchas térmicas de flipar no se si me fio del todo. Por allí nos dimos una vuelta, nos tiramos por el tobogán de hielo, vimos el bar y el restaurante y por supuesto casamos a una pareja de amigos que estaba con nosotros. Hicimos el pack completo.


 (Esquí de fondo nocturno! Se nos hizo de noche y terminamos en el lago helado, patiesquí)

 (Fiordo de Kirkenes)


(Reindeers!=Renos! Siempre está bien ampliar el vocabulario ;) )

Estuvimos quedándonos en varios pueblos, la mayoría de los cuales tenían cuatro casas con su iglesia y una tienda donde poder comprar. Por supuesto tenía su pizzería o kebab, eso es algo internacional... da igual en que parte del mundo estés.
Dormimos en Tankaavara, un pueblo donde se busca oro. Puedes pagar para hacerlo o sino cantar en el karaoke (en finés por supuesto) con el resto de borrachines que van a pasar la tarde por allí. Nosotros cogimos un trineo cada uno, que había en un porche cerca del restaurante y nos dedicamos a tirarnos cuesta abajo en fila, a modo de gusano gigante. Dicen que nunca hay que perder el niño que se lleva dentro...

No podíamos volvernos a casa sin antes visitar algún fiordo noruego. No eran los más bonitos, ni los mas famosos... pero teniendo en cuenta donde estábamos y la distancia en coche, no nos quejamos. Estuvimos en dos, uno el de Kirkenes y el segundo Bugoynes. En el último hubo un par de amigos que decidieron bañarse en el mar, esto de que fuese el Océano Artico les emocionaba mucho y no se lo pensaron ni un momento. Bañadores puestos y corriendo hacia el mar, el resto estábamos esperando en la playa grabando vídeos, dando ánimos y por supuesto con toallas para taparlos en cuanto saliesen (que fue enseguida por supuesto). Según el testimonio de los que decidieron bañarse, que siguen vivos por si queríais saberlo, dijeron que no notaron el frío hasta cuando se disponían a salir del agua, que de repente empezaron a notar que no podían mover bien los pies... dicho esto, cuando salieron, mas de uno lo que hacía era taparse los pies con la toalla (pensando que se los iban a amputar) y dejando el resto del cuerpo a merced del viento y la posible futura pneumonía. Finalmente y tras cambiarse, meterse en el coche con asientos calefactables y abrigados hasta las orejas, entraron en calor y pudimos emprender nuestro camino de regreso a Ivalo (donde teníamos el alojamiento).


 (Pueblo de Kirkenes, las casas son de muchos colorines)

 (La mayoría de las carreteras son así, menos mal que llevábamos clavos en las ruedas)

(Pueblo de Bugoynes, esa es la famosa playa donde hubo el baño)

Al día siguiente cogimos el avión de vuelta a Helsinki y en dos horas estábamos en casa de Jokin, muertos del cansancio. Cosa que no nos impidió dar una vuelta por la ciudad y disfrutar de las últimas horas con ellos antes de la triste despedida y la vuelta a la gris Lituania. Al día siguiente tuvimos un viaje de un día de sol completo en ferry y autobús. Cuando llegué a Vilnius lo único que quería hacer era meterme en la cama y no salir de ahí hasta que mi cuerpo dijese basta.

Conclusión del viaje: En Finlandia hasta el conductor de bus te sabe hablar en inglés, hasta el abuelo de 80 años, pescador y habitante de un pueblo perdido por Laponia...sabe hablar en inglés. En Vilnius vas al supermercado y da gracias a si te saludan en su idioma. En España tampoco hay multitud de gente hablando inglés, pero la sonrisa ahí está, aunque sea para no entenderse... ¿será por el sol?

P.D. No vimos auroras boreales, al parecer al sol le dio por no ofrecérnoslas... pero eso solo significa una cosa, habrá que volver.